LCA: microtraumatismos

Los microtraumatismos recibidos por el LCA durante a las acciones propias del deporte, pueden provocar una respuesta del organismo haciendo más fuerte el tejido como respuesta protectiva.

Aprovechando que recientemente se celebró en Barcelona el Sports Tomorrow Congress, en el que se enfocaron las últimas novedades en el mundo de la rehabilitación en el deporte femenino, os mostramos este curioso estudio de Myrick et al. 2019 en el que se observan los efectos en el volumen de tamaño del LCA tras una temporada deportiva.

Ya son varios los papers en que se estudia los factores asociados a un alto riesgo que las mujeres sufran una lesión de LCA. Como ya sabéis, esta “pandémica” lesión lleva años estudiándose, pero no ha sido hasta los últimos años, juntamente con el crecimiento del deporte femenino, en los que se ha visto la necesidad de realizar estudios en los que se miren los factores de riesgo propios del género femenino. Algunos de estos factores como la biomecánica, carga interna, externa o el tipo de maniobra deportiva (corte, aterrizaje y pivotaje) son los mismos en ambos sexos, pero en este caso, tendremos que tener en cuenta otros como los niveles hormonales, las fases del ciclo menstrual o factores anatómicos diferenciales.

El objetivo de este estudio fue analizar los cambios volumétricos del LCA en el transcurso de una temporada de fútbol competitivo en atletas femeninas, al principio y final de temporada mediante una resonancia magnética nuclear (RMN) para ver y determinar las propiedades estructurales del ligamento en vivo.

Se observó que el grosor de este ligamento ha aumentado al final de temporada, lo que se dió como justificación fue que estos microtraumatismos que recibe el ligamento durante toda la temporada hacen que se adapte engrosándose mientras tolera cargas mayores. Estos inducían una respuesta inflamatoria y una posterior remodelación del cruzado que da como resultado este aumento del grosor. Curiosamente este mecanismo nos recuerda mucho al que sucede con la musculatura, con lo que podríamos entender, que este ligamento tiene la capacidad de hipertrofiarse con el fin de generar un efecto protector.

Por otro lado, también se observo un aumento de hasta el 10% de rodillas con un aumento de edema en la imagen antes y después de la temporada, esto nos podría indicar que esta inflamación en la rodilla es parte de ese proceso adaptativo y que forma parte del mecanismo de remodelación de las estructuras de la rodilla.

Aunque siempre habíamos dado esa capacidad regenerativa a la musculatura, parece ser que nuestros ligamentos tienen también la capacidad de hacerse más fuertes ante diferentes cargas externas. Esto es lo que intentamos reproducir durante el proceso de recuperación del LCA en un ambiente controlado.

Creemos que estos movimientos de contacto que generalmente se pueden ver como un mecanismo lesivo para el LCA, si se hacen en un ambiente controlado y adecuado, con la intensidad correcta y siguiendo todos los criterios de seguridad, pueden pasar de ser lesivos a ser un elemento protector y ayudarnos a disminuir la posibilidad de recidiva de esta lesión, lo que los convierte en extremadamente necesarios para incluirlos en el proceso de rehabilitación.

Esto ayudará favoreciendo que el ligamento se adapte a situaciones parecidas que nos podemos encontrar durante la realización del deporte que practiquemos.

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Referencia articulo:

Myrick, Karen M et al. “Effects of season long participation on ACL volume in female intercollegiate soccer athletes.” Journal of experimental orthopaedics vol. 6,1 12. 28 Mar. 2019.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30923976/

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